Industria cinematográfica resiste con innovación y desafía al Covid-19

La gran pantalla se volvió a encender en el segundo mercado de películas más grande  del mundo. China reabrió sus salas de cine después de seis meses cerradas por el brote del nuevo coronavirus. Eso, sí únicamente en las zonas calificadas de bajo riesgo y con muchas restricciones. Pekín lleva dos semanas sin reportar un solo caso positivo de Covid19.

Por eso, en la capital del gigante asiático, cada espectador volvió a sentarse en las butacas, pero esta vez, debe mantener una distancia de más de un metro y permanecer con la mascarilla puesta. Pues la sala de proyección no podrá exceder el 30 por ciento de su capacidad. Al entrar, todos pasarán por controles de temperatura, una de las restricciones que más llamaron la atención es que las películas no podrán durar más de dos horas, el film se podría observar en dos sesiones en diferentes días. Tampoco podrán consumir bebidas en las salas ni degustar del tradicional canguil.

Pero a esta tendencia de reabrir las salas de cine o crear autocines, en París le dieron una novedosa vuelta al asunto, el fin de semana los cinéfilos disfrutaron del Séptimo Arte, de forma gratuita y sobre el agua, nada menos que en el famoso río Sena. Las asistentes se sentaron en botes eléctricos, que pueden albergar de dos a seis personas cada una, con prácticas de distanciamiento  físico.

Las embarcaciones deben ser compartidas única y exclusivamente por amigos o familiares. También se colocaron 150 sillas en la orilla del Sena para que más espectadores gocen de una noche única de cine al aire libre. Los cines en Francia reabrieron a fines del mes pasado con un aforo del  50 por ciento después del confinamiento. Se espera que iniciativas como estas sean replicadas en varias partes del mundo.

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